Pagni y Asís, o la lucidez del Enemigo.



Por Marcos Mizzi y Rafael Trebino.

Hay un hecho bastante grave en la política argentina de estos últimos tiempos: la oligarquía es la única que dice cosas interesantes.
Lo hace directamente y, sobre todo, a través de sus escribas. Porque mientras el progresismo universi-otario se indigna en las redes sociales, los “políticos” especulan en la ruleta del 2017, los sindicatos se lamen las heridas tras la debacle que terminó con (al menos) 5 centrales obreras enfrentadas entre sí, y el resto de la “izquierda” (tanto nacional como la cipaya como la imaginaria) cae en un activismo sonso que solo atina a tratar de aguantar el knock out técnico en el que está el pueblo argentino, la oligarquía y las corporaciones que la controlan saben que la única manera de triunfar es la de laburar sobre la dialéctica práctica-teoría-práctica.
“Aprendemos sobre la marcha”. Es comprensible que desde el campo popular se use políticamente esa frase para pegarle al Gobierna Central. Lo que no es bueno es que se lo tome a la ligera y sea motivo de burla. “Aprendemos sobre la marcha”: un oriental dijo lo mismo, y logró que China sea potencia mundial.
Por eso llama la atención la profunda idiotez y falta de sentido común de aquellos a los que nos gusta laburar en el campo platónico de las ideas y que al mismo tiempo queremos un país donde gobiernen los laburantes.
  

Es así que hemos llegado al punto en el que en el ring hay dos cosmogonías (igual de peligrosas, a nuestro entender) que están peleando y disputando la punta, mientras las demás miramos de afuera, ya sea por nuestra propia incapacidad de jugar en Primera A (en Apología somos un club de la D y del Interior) o bien porque chochean en el patético rol de campeones morales (Víctor Hugo, el seisieteochismo, los medios troskistas, el Academicismo tanto de “derecha” como de “izquierda”) o bien porque ganar les chupa un huevo (tanto lo “mainstream” como lo “indie” y su correlato telúrico: Marcelo Tinelli y los medios, editoriales y demás grupos autodenominados autogestivos).
Podemos resumir esas concepciones de mundo a las que nos referimos en dos excelentes escritores, que (oh causalidad) ejercen su oficio en el mundo del periodismo: Carlos Pagni y Jorge Asís. Ambos hacen escuela, si no estilística (lamentablemente, porque su pluma es exquisita) al menos ideológica. Todo el pensamiento argentino hegemónico tiene en estos dos dandys hijos de puta a sus Padres referentes.
Con su pluma ácida, sus constantes chismes de la real politik y su ritmo relajado al tiempo que preciso (y por eso exasperante, al mejor estilo cool jazz), Carlos Pagni es el más lúcido escriba del Enemigo. Este pelado que se forjó en la city porteña de los 90 es peligroso porque no reniega de su vocación de botón: sus fuentes son la SIDE, los chetos aburridos de whisky de los Club House de los countrys, y las gordas histéricas del Jockey, del Rotary y similares. Sin embargo, cuando tiene que aportar líneas programáticas, jamás le erra. En ese sentido, es soldado fiel: dice la verdad con la mayor de las crudezas, como hacen los sirvientes que realmente creen y admiran a su Amo y lo ayudan de corazón. Últimamente Pagni se explaya sobre todo en hechos de corrupción, y tejes y manejes del estilo: comprende y aprehende que el objetivo final del Enemigo no es bancar al actual Gobierno Central que encabeza Macri, si no de hundir en el fango de la humillación a la Argentina, tal y como lo pidió el reptil de Winston Churchill en 1945.
Jorge Asís, en cambio, es el típico viejo que se dio cuenta de muy pibe que la revolución era una quimera y trata de olvidarse de eso entre putas y escabio. Es el turco cínico que retrata en sus novelas, el que entiende más o menos de qué va el juego pero prefiere verlo desde afuera, riéndose de todo. Dueño de una prosa única, casi de invernadero, es también el mejor escritor vivo que tiene la Argentina y como además de periodista es poeta, no es capaz (como sí lo hace Pagni) de callar y servir al Enemigo en todos sus requerimientos: esa rebeldía y esa vocación por la Belleza (que al fin y al cabo es Verdad) le costaron recientemente su puesto estelar en el programa de Alejandro Fantino (que dicho sea de paso es, como Tinelli, un imbécil sensato, un provinciano que prefiere el Dinero a la Gloria). Asís (creemos que su apellido no es casualidad si no, como él mismo, una gran burla) cultiva lo que se le dio en llamar “periodismo artesanal”, que básicamente consiste en escribir en su blog sobre lo que se le canta, desde análisis de coyuntura hasta horóscopos chinos, usando seudónimos, inventando personajes, hechos, apodos y axiomas que le dicta una Garganta anónima pero siempre con los pies en el barro de la crudeza.
Estos dos carivergas que mentamos en estas líneas no tienen el menor empacho en trabajar complementariamente con las palabras y las ideas para sus objetivos, que si bien son distintos (como es distinto su origen) convergen como dos paralelas que finalmente se tocan: cagarle la vida al pueblo laburante. Cuentan con varias ventajas: los medios económicos del Enemigo, un talento descomunal y la incapacidad expresa de todos nosotros (nosotros los que queremos una comunidad más justa) para laburar en conjunto. Rescatemonón, o a llorar a la iglesia.